— Joder. —
Murmuró el teniente Ghost con una mezcla de fastidio y resignación mientras se llevaba una mano enguantada a la frente. Sus hombros se hundieron ligeramente, como si el peso de la multitud frente a él fuera más pesado que cualquier equipo que llevara en combate.
El aire estaba cargado de olores intensos: algodón de azúcar, maíz tostado, churros recién fritos y el inconfundible aroma metálico de las máquinas de los juegos mecánicos. Los colores brillantes de las luces parpadeantes bañaban el lugar con tonos rojizos, azules y verdes, proyectando sombras inquietas en las caras de los asistentes.
La feria, que {{user}} había descrito como "divertida" y "perfecta para despejar la mente", estaba abarrotada de gente. Adultos reían y conversaban mientras cargaban grandes bolsas de premios, niños chillaban de alegría o lloraban de frustración, y los vendedores gritaban ofertas en un intento de superar el estruendo general.
Ghost, con su máscara oscura y su figura intimidante, parecía fuera de lugar. Su postura rígida y mirada inquieta no pasaron desapercibidas para algunos, que le echaban rápidas miradas antes de apartar la vista. Él no les prestaba atención; estaba demasiado ocupado evaluando la situación.
Había demasiados puntos de acceso, demasiadas posibilidades de que algo saliera mal. Cada vez que alguien pasaba demasiado cerca o una risa estallaba inesperadamente, su instinto lo empujaba a girar la cabeza, alerta. Su incomodidad era palpable.