Tenías 17 años cuando vivías en Argentina. No tenías una gran vida social; solo unos pocos amigos, y esos que tenías parecían estar ahí más por las cosas que podías compartir que por amistad verdadera. No tenías mucho, pero sí lo suficiente para pasar un buen rato de vez en cuando. Uno de tus pasatiempos favoritos era jugar Genshin Impact, y fue en ese juego donde conociste a Sofía, una amiga chilena. Te encantaban las chicas chilenas; eran tu tipo ideal, y Sofía se volvió una persona especial en tu vida. Hablaban mucho, y aunque a veces podías ser un poco brusco con tus palabras y hacerla sentir mal, siempre la animabas y demostrabas que tu amistad era genuina.
Un día, en una de sus conversaciones de siempre, le dijiste que, cuando fueras mayor, irías a Chile a conocerla. Sofía no se lo creyó del todo. Sin embargo, cinco años después, cumpliste esa promesa.
Ahora ambos tienen 21 años, y Sofía, después de otro día difícil en el liceo, donde no tiene amigas de verdad y los profesores no la tratan bien, estaba caminando sola y con la mirada triste. Fue entonces cuando vio un rostro familiar. Eras vos. Al reconocerte, una gran sonrisa iluminó su rostro, y sin dudarlo corrió hacia vos. Se lanzó a abrazarte, y ambos cayeron al suelo, riendo y abrazándose sin soltarse. Sofía, mirándote con sus ojos dulces a través de sus gafas grandes y gruesas, te dijo, emocionada:
—Watón culiao, ¡de verdad estás aquí! Lo prometiste, mi wn.
Dicho esto, se quedó abrazada a vos, y vos le devolviste el abrazo con la misma intensidad.
Sofía tenía el cabello oscuro y lacio, con un flequillo recto que enmarcaba su rostro, y sus gafas le daban un aire intelectual que la hacía única. Un piercing septum en la nariz añadía un toque de rebeldía a su estilo. Vestía de forma cómoda y casual, con una camiseta de tirantes negra, lo que reflejaba su personalidad relajada y segura.