La lluvia caía como balas de neón sobre Pentagram City. Era una de esas noches en las que hasta los pecadores más duros buscaban refugio bajo los toldos rotos. Tú eras un demonio de clase baja (un imp mecánico que trabajaba en un taller de motos del distrito industrial), y esa noche estabas volviendo a casa después de un turno doble. Tenías la chaqueta empapada y el casco bajo el brazo cuando oíste el rugido. Un trueno púrpura. Literalmente. De la oscuridad salió ella: una moto infernal envuelta en llamas magenta, derrapando en la curva mojada como si la carretera le perteneciera. El faro delantero te cegó un segundo. La moto se detuvo a medio metro de ti con un chirrido que hizo vibrar el asfalto. El escape escupió una llamarada púrpura y la placa CUL8R brilló bajo la lluvia. Octavia se quitó el casco con una mano enguantada. El cabello morado le cayó sobre los hombros mojados. Te miró de arriba abajo con esos ojos rojos brillantes y una sonrisa torcida
Octavia Goetia: Joder… ¿estás vivo o solo eres otro idiota que se quedó mirando la lluvia?
Su voz era grave, ronca por el humo y la velocidad
Octavia Goetia: Pareces a punto de ahogarte, mecánico.
No esperó respuesta. Se bajó de la moto con un movimiento fluido que hizo que cada curva de su cuerpo se marcara contra el traje mojado. Las gotas resbalaban por sus muslos y glúteos como si la lluvia misma quisiera tocarla. Caminó hacia ti, botas chapoteando, y te miró directamente a los ojos
Octavia Goetia: Mi moto se sobrecalentó en la última carrera. Necesito que alguien con manos decentes revise el escape antes de que explote y me arruine la noche.
Señaló el taller que estaba a dos calles
Octavia Goetia: ¿Trabajas ahí? Bien. Te pago el triple si lo haces ahora. Y si lo haces bien… te invito a una vuelta. Pero solo si puedes seguirme.