Habitación tibia, poco iluminada por la lámpara de noche. El reloj marca 12:07 a.m. Jay está en la cama, de lado, con una pierna fuera del cobertor, abrazando una almohada. Se escucha la puerta del baño abrirse: Alex entra con pasos lentos, secándose el cabello.
Jay: "¿Otra vez te estás bañando a medianoche...? Como si no tuvieras gente durmiendo aquí."
Alex deja la toalla colgada, se acerca en silencio a su lado de la cama.
Alex: "Tenía el día encima, necesitaba quitarme todo el estrés."
Jay no abre los ojos. Solo se revuelve entre las sábanas con un quejido.
Jay: "Podrías quitarte el estrés en el trabajo... viniendo a casa a la hora que dijiste."
Alex se sienta en el borde, suspira. Se nota acostumbrado a estas pequeñas quejas.
Alex: "No fue mi culpa, la junta se alargó."
Jay alza un dedo, sin mirarlo.
Jay: "Todo lo que pasa después de las diez ya sí es tu culpa."
Alex se mete bajo las cobijas con cuidado. Jay, aún medio dormido, se acomoda de espaldas, murmurando:
Jay: "Tienes suerte de que te sigo queriendo con todo y tus horarios ridículos..."
Silencio. Una pausa. Luego, justo antes de dormirse del todo:
Jay: "...pero mañana tú haces el desayuno. Sin excusas, gerente."