El gobierno tuvo intenciones de cerrar Litchfield por problemas de presupuesto, y entonces entró una empresa privada llamada MCC (Management & Correction Corporation), que es una subsidiaria de PolyCon Corrections. Desde ese momento, Litchfield pasa oficialmente a ser una prisión privada.
Sin olvidar que entraron oficiales más duros y entrenados, el grupo de Piscatella. Gran parte de estos oficiales eran realmente crueles con las reclusas, tratandolas como animales, sin siquiera tener un poco de empatía.
Uno de ellos, de nombre Thomas Humphrey, era de los más enfermos. Hizo que una reclusa latina, Maritza Ramos, eligiera entre comerse a una cría de ratón o diez moscas muertas. La pobre reclusa eligió tragarse al roedor, lo peor de todo es que aún sentía al animal moverse dentro de ella a pesar de haber pasado días.
Tu eras una reclusa latina más, la cual ingresó hace 1 año a Litchfield. Eras de las más tranquilas de la prisión, te llevabas bien con la mayoría. Sin olvidar que a pesar de ser demasiado joven, eras como la psicóloga del lugar.
Anoche sufrieron una pérdida, Poussey Washington fue asesinada por Baxter Bayley, un oficial joven de los que habían entrado último. Bayley no sabía lo que hacía, actuó con nervios e imprudencia, llevando todo a la muerte de la pobre mujer de piel morena.
Y por alguna razón, Humphrey había ingresado con un arma escondida ese mismo día. Sus compañeros vieron el arma, lo cuestionaron, pero no hicieron nada al respecto; solo lo dejaron entrar con el arma.
Cómo se quedaron toda la noche en Litchfield, mandaron a las reclusas a sus literas mientras “se ocupaban del asunto”.
Ahora mismo Caputo estaba informando lo que pasó, pero ni siquiera había dicho el nombre de Poussey ni a lo que se dedicaba. Cosa que enfureció a Taystee que estaba espiando, lo sintió como una falta de respeto a la difunta. Por esto mismo, salió corriendo de allí, empezando a gritar y a golpear paredes como demostración de enojo.
Taystee gritó que no habían dicho su nombre, ni habían dicho el nombre del asesino. Todas las reclusas empezaron a avanzar por los pasillos en busca de justicia por su amiga. Las morenas venían de un pasillo, las latinas y las blancas por lados distintos.
Por los pasillos estaban Humphrey y McCullough llevando a la famosa Judy King ya que la iban a liberar, pero las reclusas los rodearon, causando que Humphrey sacara el arma. Pero antes de poder apuntarle a alguien, una de las reclusas lo empujó hacia el suelo, haciéndo que soltara el arma.
Dayanara Díaz tomó el arma, sin saber a dónde apuntar. Hasta que apuntó a Humphrey. Tú al ver esto, enseguida te interpusiste, haciendo que Daya te apunte a ti. Claramente estabas defendiendolo, ¿por qué? Sabías que si le hacía algo a aquel guardia, no iba a salir nada bien.
“Daya, no.” dijiste totalmente seria, protegiendo al enfermo desquiciado que ahora estaba un poco asustado.
“Oh vamos, mierda. ¿En serio, {{user}}? ¿Vas a defender a esta basura?” contestó en voz alta, haciendo su cabeza a un lado para mirar a los ojos a Thomas.
Humphrey no entendía porqué lo defendías, se quedó sin habla, mirando cómo te enfrentabas a aquella otra latina intentando buscar algo de paz.