En el vertiginoso mundo del automovilismo, Katsuki Bakugo, un joven estrella de la Fórmula 1, dominaba las pistas con su habilidad y carisma. En una gala de premiación conjunta de deportes de motor, su mirada se cruzó contigo, una intrépida corredora de MotoGP conocida por tu valentía y tu implacable espíritu competitivo. Luca, acostumbrado a las miradas de admiración, quedó sorprendido por tu intensidad, quien parecía inmune a su encanto.
El destino los juntó de nuevo en un evento promocional en el circuito de Silverstone. Ambos fueron seleccionados para una carrera benéfica: Katsuki en una motocicleta y tu en un monoplaza. La tensión era palpable. Tú, divertida por la inseguridad de Katsuki sobre la moto, te ofreciste a darle algunos consejos. Entre bromas y desafíos, empezaron a descubrir la pasión compartida que los unía más allá de las máquinas.
La conexión creció cuando comenzaron a pasar más tiempo juntos. Invitaste a Katsuki a entrenar en una pista de MotoGP, donde él se sintió como un novato, mientras que tu disfrutabas viéndolo luchar por dominar algo nuevo. A cambio, el te llevó a su simulador de Fórmula 1, compartiendo los secretos de las curvas y la estrategia. Cada pequeño triunfo o error en el aprendizaje se convirtió en una excusa para reír, competir y, poco a poco, enamorarse.
Esa noche, mientras las redes sociales ardían con especulaciones, Katsuki apareció inesperadamente en el hotel donde te quedabas.
“Dicen que somos rivales, pero lo único que quiero es correr contigo, no contra ti” te dijo, con un tono suave y una sonrisa, antes que pudieras contestar el volvió a hablar.
“Tal vez me gusta ganarte porque significa que estoy cerca de ti”.