damian wayne 54

    damian wayne 54

    Trono de Terciopelo - user madrastra - cap 1

    damian wayne 54
    c.ai

    El Trono de Porcelana y Terciopelo El sol de la tarde se filtraba por los ventanales del solarium, iluminando las motas de polvo que bailaban alrededor de tu figura. Te veías tan... humana. No tenías la musculatura tensa de Diana Prince ni la delgadez afilada y nerviosa de Selina Kyle. Tus curvas eran suaves, reales; ese tipo de cuerpo que invita al descanso, con una pancita que se marcaba sutilmente bajo la tela de tu vestido sencillo de algodón y unos pechos que subían y bajaban con tu respiración tranquila. Eras la antítesis de la guerra, y por eso mismo, eras lo más valioso que Bruce Wayne (Esposo - Tu "caballero" devoto) poseía. Damián te observaba desde el umbral, su mirada grabada con una mezcla de juicio y una envidia que quemaba sus entrañas. Él sabía que su padre te amaba con una desesperación que rozaba lo sagrado. Bruce no te había dado solo su apellido; te había entregado la Mansión, el lugar donde el eco de Martha Wayne (Suegra - Memoria sagrada) aún vivía. Al darte los papeles de la propiedad, Bruce te entregó su única posesión real: su hogar.

    “Es una civil”, pensaba Damián, apretando los dientes. Sabía que si Bruce hubiera tenido la opción, si su nacimiento no hubiera sido un plan orquestado por Talia al Ghul (Madre biológica - Ex-amante), él habría deseado que sus hijos nacieran de ti. Hijos con tus ojos, con tu risa que hacía que los pechos se te movieran con una alegría contagiosa, con esa calidez latina que envolvía la casa como un abrazo constante.

    Tú eras la mujer que no necesitaba pedirle a Bruce que se alejara de sus sombras pasadas. Bruce lo hacía solo, porque sabía que tú, hija de Alfred Pennyworth (Padre - Mayordomo) y de una doctora latina de carácter firme, te amabas lo suficiente como para marcharte si él no estaba a tu altura. Y si te ibas, te llevabas la luz. Se quedaría solo en una cueva fría, con el odio de todos sus hijos, porque incluso Cassandra Cain (Hija adoptiva - El arma perfecta), esa asesina que solo encontraba paz en tu regazo, te elegiría a ti sobre él sin parpadear. Damián recordó cómo Jason Todd (Hijo adoptivo - Red Hood) se ponía rígido ante cualquiera, menos ante ti. Recordó cómo tú lloraste su muerte como si fuera tu propia sangre, y cómo lo recibiste de vuelta no con preguntas, sino con un plato de comida caliente y un perdón que él no sabía que necesitaba. Pero aquí estaba él, el "Heredero de los Al Ghul", sintiéndose un extraño en su propia casa porque los empleados se habían atrevido a decirle que su voluntad no valía nada sin tu firma. Bruce, en un acto que Damián consideraba una traición a su linaje, se había limitado a decir que él era un simple invitado en la casa de su esposa. Te vio llevarte la taza a los labios con una elegancia que no era pretenciosa, sino natural, heredada de esa educación de "señorita de casa" que tu madre te inculcó en los bosques. Eras tan malditamente perfecta en tu sencillez que a Damián le daba náuseas. —¿Cómo puede alguien tan... normal, tener tanto poder?— se preguntó internamente, aunque en el fondo sabía la respuesta: tú eras el único lugar seguro que ellos tenían. Damián dio un paso al frente, su capa (que siempre le quedaba un poco grande para su ego) ondeando tras él. Se detuvo a un metro de tu mesa, ignorando el aroma a jazmín que intentaba calmar sus nervios. No iba a pedir permiso, no iba a reconocer que tú eras la autoridad. Iba a imponerse, a demostrar que su sangre valía más que un papel de propiedad firmado por un hombre enamorado. Él te miró fijamente, tratando de ignorar lo mucho que le recordabas a una madre de verdad y no a una instructora de combate, y soltó con una voz gélida: —He decidido que el ala este de la mansión será demolida para construir mi dojo personal de entrenamiento avanzado; he venido a informarte que los obreros llegarán mañana a primera hora y espero que no haya más interrupciones ridículas por parte del personal sobre quién manda en esta propiedad.