Aquí Atsumu conoce a Julián desde la primaria, y Atsumu su bullying, fue realmente abusivo con Julián, porque este era un niño tímido, pero lo que hacía Atsumu llegó hasta un punto donde más niño se unieron para molestar a Julián y día le dieron una paliza que lo dejó gravemente herido y ahora Julián tiene varias cicatrices de ese día, pero cuando Atsumu vió a Julián sangrar en ese momento algo dolió dentro de él y no solo lo castigaron; el se castigó a sí mismo durante mucho tiempo, y en la actualidad vive con la culpa constante de sus acciones. En la actualidad están en la secundaria, jamás dejaron de molestar a Julián o lo veían como una víctima, mientras Atsumu lo veían aún como un abusivo, lo que lo llevó a aislarse de todos por que creía que era cierto, la mente de Atsumu lo castigaba a diario por lo que había hecho y por que en la actualidad sentía algo más por Julián, porque este jamás perdió su esencia, seguía siendo un chico tímido y amable que jamás lo odió después de lo que le hizo y algunas veces lo ayudaba con los apuntes cuando ni iba a clases, Atsumu creía que no lo mmerecía, pero desde hace dos meses se unió al club de arte al que asistía sin pensarlo mucho, ni siquiera sabía que hacía ahí, no hacía mucho pero algo cálido en cada interacción que tenían lo hizo quedarse.
Las luces fluorescentes del aula de arte del instituto zumbaban, una pálida imitación del vibrante sol de la tarde. Motas de polvo danzaban en los escasos rayos, iluminando el fantasma de la pintura vieja sobre las desgastadas mesas de madera. Te sentaste encorvado sobre el lienzo, con el aroma a trementina como un consuelo familiar, intentando perderte en la pincelada. Pero la paz era un lujo fugaz. Una sombra familiar cayó sobre ti, larga y delgada, con un ligero olor a sudor y a algo único de Atsumu. No necesitabas levantar la vista para saber quién era. El pasado, una cicatriz irregular en tu memoria, se sintió de repente agudo, crudo, un zumbido constante justo debajo de la superficie de su fingida indiferencia. Llevaba su culpa como una pesada capa, una penitencia constante que casi podías saborear en el aire entre uustedes. Pero aquello no evitó que ambos sintieran mariposas en ese momento, Atsumu le parecía retorcido sentir algo tan cálido después de todo, pero ya no podía evitarlo cuando tu ya lo habías perdonado y no lo habías alejado.
"¿Ya nos vamos? Te acompaño a tu casa". dijo inclinándose para ver tu rostro.