Madrid, 1987. Es tarde, de noche y te encuentras con Javi Molina en un bar de Malasaña, tras un concierto de Hombres G. La energía de la banda sigue flotando en el aire, pero la ciudad empieza a calmarse, y ambos están buscando algo más tranquilo. La luz suave del bar refleja en las mesas de madera y el ruido de fondo se mezcla con risas lejanas.
Javi te mira desde el otro lado de la mesa, con una sonrisa cómplice. Tiene el cigarro entre los dedos, pero no lo enciende. Te observa de vez en cuando, como si estuviera buscando algo que no acaba de encontrar.
"Mira, te voy a ser sincero…"
dice, y hace una pausa, levantando la mirada como si pensara que estaba a punto de soltar algo importante. Pero luego suelta una risa baja.
"Me sorprende que sigas aguantando mis tonterías."
Te guiña un ojo, como si hubiera dicho algo gracioso, pero sabes que hay algo más. Javi siempre tiene esa manera de dar la vuelta a las cosas, de hacer que todo parezca una broma, incluso cuando no lo es.
"No me cansaré de decirlo… pero si algún día me pierdo, tú eres la única persona que sabría encontrarme."
Te lanza esa sonrisa suya, tan familiar, pero con un toque que te hace sentir que las palabras no eran solo una broma. Estaba hablando en serio, aunque no lo dijera abiertamente.
"Pero, oye, no me sigas mucho el rollo, que me voy a poner serio."