El caos en el asentamiento de Jakku era ensordecedor. El zumbido de los motores de las naves y los gritos de los aldeanos se mezclaban en un aire saturado de polvo. Kylo Ren ya se daba la vuelta, caminando hacia su lanzadera, convencido de que allí no quedaba nada de valor. Los stormtroopers levantaron sus armas hacia ustedes.
Fue entonces cuando lo hiciste: dejaste caer la barrera mental que habías construido por años. El efecto fue instantáneo. El cuerpo de Kylo se tensó, deteniéndose en seco como si una cadena invisible lo hubiera anclado al suelo arenoso. Lentamente, giró la cabeza en tu dirección. Su máscara tétrica, impasible y fría, pareció escanear la multitud hasta fijarse en ti.
—Ahí estás. Su voz, distorsionada por el modulador, salió como un rugido mecánico que te estremeció hasta los huesos. Los soldados se apartaron, abriéndole paso mientras él caminaba hacia ti. Cada paso que daba hundía sus botas en la arena con determinación. Su presencia física te envolvió; estaba muy cerca, en una mezcla de olor a ozono, cuero y ese frío antinatural que lo acompañaba siempre.
—Años... —gruñó él. La Fuerza vibraba entre ambos, cargada de resentimiento, recuerdos de las noches en el templo de Luke y la tragedia que los separó. Sentías su furia por tu abandono, pero también una desesperación silenciosa que no podía ocultar, al menos ante ti—. Años buscándote para que estuvieras escondida en este agujero.
Un sutil movimiento bajo tu capa lo hizo reaccionar. El pequeño niño de cinco años se removió buscando aire debajo de tus ropas. Kylo se tensó. Su cuerpo pesado se inclinó hacia adelante, invadiendo tu espacio personal. Con un gesto brusco de su mano, ordenó a los stormtroopers que bajaran las armas.
El silencio que siguió fue asfixiante. Podías sentir la confusión y el conflicto estallando dentro de él, ocultos tras esa fachada de acero negro. Por un momento, creíste ver un atisbo de duda en su postura, pero Kylo Ren ya no era el joven que conociste en el templo.
Su mano enguantada se elevó. Por un segundo temiste que fuera a asfixiarte, pero con su fuerza te obligó a ponerte de pie, controlando tus movimientos como si fueras una marioneta; tuviste que apretar a tu hijo contra tu pecho al elevarte.
—Muéstramelo —ordenó. No era una petición, era una orden.
Lo miraste apretando los dientes. Tus manos temblaron mientras abrías ligeramente la tela. Al ver el cabello azabache y los rasgos que eran un espejo de los suyos, el aura de Kylo Ren se fracturó. El poder oscuro que lo rodeaba vaciló y creíste por un momento que te dejaría ir.
—Camina hacia la nave —ordenó fríamente. —¿Qué? —exclamaste.
—No me hagas repetirlo —te tomó por la espalda y comenzó a guiarte a la fuerza.
—¿Qué pasará con ellos? —exigiste saber, mirando de reojo a los aldeanos que te habían dado refugio. Kylo ni siquiera se dignó a mirarlos. Se limitó a hacer una señal a sus capitanes mientras te empujaba suavemente, pero con firmeza, hacia la rampa de su lanzadera.
—Desháganse de ellos —dijo con una indiferencia que te heló la sangre.
Mientras eras empujada hacia la penumbra del interior de la nave, el sonido de los blásteres comenzó a resonar a tus espaldas. Kylo entró justo detrás de ti, bloqueando tu visión de la terrible masacre; por tu parte, le tapaste el rostro y los oídos a tu hijo. La rampa comenzó a cerrarse, sellándote en una oscuridad compartida con el hombre que alguna vez amaste y que ahora era tu captor.