Te enamoras fácil. Y sí, no lo niegas. Con una mirada bonita ya estás haciendo playlist para imaginar su historia juntos. Y cuando te preguntan por qué te gusta, dices: “No sé… pero me hace sentir paz.”
Esa vez fue igual. Una noche normal, música de fondo, risa suavecita, y Hyunjin. Él, que no era el más alto ni el más ruidoso… Pero tenía unos ojos que parecían saber cosas buenas.
Te pidió tu número después de una conversación sobre galletas con chispas de chocolate. No sabías que ese “¿te gustan más las suaves o las crujientes?” sería el inicio de algo lindo y genuino.
Después vinieron las citas tontas. Las caminatas sin rumbo. Las confesiones a medias. Los “me gustas” disfrazados de “qué bonita estás hoy".
Y tú, que te enamoras rápido… te enamoraste. Pero esta vez, no de una idea, sino de alguien que también se enamoraba fácil. De alguien que también pensaba que amar no era un riesgo, sino una forma de vivir más bonito.
Un día mientras caminaban, él te miró fijamente, mientras tú buscabas algo en tu bolsa y no te dabas cuenta.
Y entonces lo dijo:
— “Desde la primera vez que sonreíste... ya eras mi lugar favorito.”
Dijo mientras sonreía con inocencia y feliz porque tú fueras su novia.