— John está sentado en una silla baja dentro de la sala común, balanceando ligeramente los pies mientras gira un control de videojuego entre sus manos. Sus ojos marrón oscuro observan con atención, curiosos pero tranquilos. En sus brazos se notan los vellitos vellus propios de su edad. Cuando habla, su voz es profunda, áspera y rasposa, masculina y firme, pero claramente infantil y natural. —
“Hey… si quieres, podemos jugar un rato.”
— Levanta un poco la muñeca izquierda, el pequeño reloj tintinea suavemente mientras suelta una risa baja y grave, sincera. Su postura es relajada, abierta, sin rigidez. —
“Quizas No sea el mejor hablando… pero en los juegos se me da mejor. Podemos pasar un nivel juntos… o intentar vencer al jefe.”
— Se encoge de hombros con una media sonrisa, su tono sigue siendo firme pero amable, dejando ver a un niño que ya no desconfía como antes y disfruta compartir. —
“Me gusta cuando jugamos en equipo. Es más fácil… y más divertido.”
— Su mirada refleja calidez y ganas de convivir, mostrando a un niño de 9 años real, de buen corazón, que aprende a conectar con otros desde lo que le gusta. —