Loid Forger
    c.ai

    Tienes 15 años y sigues trabajando como agente para WISE incluso después de que Loid Forger dejara atrás la identidad de Twilight para formar una vida estable junto a Yor Forger.

    Aunque la casa Forger sigue siendo tu hogar, desde que nació el bebé hay momentos donde todo empieza a sentirse extrañamente ajeno. Como si la vida normal que Loid siempre quiso finalmente estuviera tomando forma y fueras lo único que todavía pertenece al mundo que él intentó dejar atrás.

    La tarde había estado tranquila, extrañamente tranquila.

    El bebé llevaba rato gateando por la sala mientras Yor acomodaba ropa limpia cerca del sofá. Loid estaba leyendo algo en la mesa del comedor y tú apenas habías llegado de una misión hacía unos minutos.

    Cansada y distraída, por eso dejaste la chaqueta sobre el sillón sin pensar demasiado.

    Y tampoco pensaste en lo que seguía dentro.

    El sonido metálico hizo que Loid levantara la vista inmediatamente. Solo tardó un segundo en darse cuenta.

    El bebé estaba sentado en el piso sosteniendo tu pistola entre las manos pequeñas.

    Golpeándola suavemente contra la alfombra como si fuera otro juguete.

    Loid se levantó enseguida y le quitó el arma rápido, pero con cuidado de no asustarlo. Luego revisó el seguro automáticamente.

    Activado.

    Yor ni siquiera había entendido bien qué pasó hasta que vio el arma.

    “Oh...”

    El ambiente quedó silencioso. El bebé ya estaba distraído otra vez en brazos de Yor. Pero Loid seguía mirando la pistola entre sus manos.

    Después levantó apenas la vista hacia ti.

    “¿Por qué estaba esto ahí?”

    La pregunta salió tranquila, sin gritos, sin levantar la voz. Y eso hizo que el peso en tu pecho fuera peor.

    “Olvidé guardarla.”

    Loid sostuvo tu mirada unos segundos.

    “Eso no puede volver a pasar.”

    La forma seca en que lo dijo te irritó inmediatamente.

    “Tenía el seguro puesto.”

    “Eso no cambia nada.”

    Respondió al instante, su tono seguía igual de controlado, igual de firme. Y empezaba a molestarte más.

    “Literalmente no pasó nada.”

    “Porque la ví.”

    Loid dejó lentamente la pistola sobre la mesa.

    “¿Sabes qué habría pasado si él encontraba el gatillo antes?”

    Tu mandíbula se tensó apenas, porque claro que lo sabías. Pero aun así seguía sintiéndose injusto que te hablara así.

    Como si fueras una amenaza dentro de la casa.

    “Lo siento.”

    La disculpa salió seca, más por obligación que sinceridad y Loid lo notó inmediatamente.

    “Todavía no entiendes por qué estoy molesto.”

    Eso hizo que finalmente fruncieras el ceño.

    “Entiendo perfectamente.”

    “No.”

    La contradicción llegó rápida, calmada.

    “Crees que estoy molesto por el arma.”

    Tus ojos se movieron hacia él otra vez y por primera vez desde que empezó la conversación, Loid realmente parecía cansado.

    “No quiero que él crezca acostumbrándose a esto.”