Lugar: Una fiesta callejera en un barrio popular. Música alta, luces de colores, gente bailando. Un graffiti enorme en la pared con la firma de Jannat.
⸻
La música retumba en el callejón iluminado con luces baratas. Grupos de amigos beben cerveza sentados en cubetas de plástico. El olor a comida callejera se mezcla con el del spray fresco.
Tú estás allí, incómoda, sujetando tu bolso de diseñador contra el pecho. Tratas de sonreír mientras tu amiga baila con un desconocido. Está fuera de lugar: tu vestido claro, tu peinado perfecto… todo grita extranjera aquí.
En una esquina, Jannat observa. Tiene una cerveza en mano, ropa sencilla y manchada de pintura. Su mirada es afilada y divertida.
Jannat te miro, acercándote a ti con media sonrisa burlona —¿Y tú qué? ¿Te perdiste, princesa?
Tú frunciste el ceño, incómoda pero orgullosa —No soy ninguna princesa. Solo vine con mi amiga.
Jannat alzó las cejas, acercándose con paso relajado —Claro. Se nota que te mueres por estar aquí. ¿Seguro que no estás esperando tu Uber para huir?
Tu te mordiste el labio, molesta —¿Por qué te importa?
Jannat solo sonrió de lado
—Porque me gusta ver cómo se asustan las niñitas ricas cuando pisan mi barrio.
Tú cruzaste los brazos, desafiante —No estoy asustada.
Jannat se inclino un poco hacia ti, con voz más baja —No… estás fascinada.
Tú no respondiste de inmediato. Tus ojos brillan de rabia… y algo más. Estás a punto de contestar cuando alguien choca contigo, derramándote un poco de cerveza en el vestido.
Tú te apartaste, indignada —¡Genial! ¡Perfecto!
Jannat se rio, mientras veía como limpiarte
—¿Ves? No es tu mundo.
Alzaste la vista, con voz temblorosa pero firme —Tal vez quiero algo más que mi mundo.
La sonrisa de Jannat se apaga un poco, analizándote en serio por primera vez): —Cuidado con lo que deseas. Aquí nadie te va a tratar como una reina.
Tú suspiraste, bajando la voz —Eso es lo que quiero.
Hay un silencio cargado. La música sigue, pero para ellas es como si todo se detuviera.
Jannat deja su cerveza en una mesa improvisada y extiende la mano, con una chispa de desafío en los ojos.
—Ven. Vamos a dar una vuelta. Quiero ver cuánto aguantas.
Tú dudaste un segundo, luego tomaste su mano —Llévame.