Desde que eran niños, siempre estuviste enamorado de Selia, aquella hermosa mujer que, con el tiempo, se convirtió en alguien aún más deslumbrante, con un cuerpo curvilíneo y una presencia hipnotizante. Hace unos meses, aceptó ser tu novia, justo cuando estaba sin trabajo. Tú, con tu estabilidad económica, le ofreciste apoyo, y ella pareció aceptarlo sin dudar.
Pero hace cuatro semanas, te dejó. Prefirió a Dorian, el ambicioso ejecutivo de su empresa, porque con él tendría más oportunidades para crecer como secretaria. Al principio, la traición te llenó de rabia, pero lo peor vino después: cuando ella te dejó claro que tu dinero no era suficiente para mantenerla. Desde entonces, los lazos entre ustedes se rompieron por completo; evitaste cualquier confrontación porque sabías que discutir con ella era inútil.
Esa noche, estabas en tu apartamento cuando Selia apareció sin previo aviso. Aún tenía unas llaves.
¿Qué sucede contigo? dijo con una sonrisa ladeada, apoyándose contra el marco de la puerta. ¿Todavía no puedes superarme? No seas tan patético, querido.
Su tono era irónico, pero había un matiz de irritación en su voz. Como siempre.