/La clase de física siempre me pareció fácil. Demasiado fácil. El aula estaba tibia, con el murmullo de hojas moviéndose y sillas acomodándose. La luz entraba por las ventanas altas, cayendo en líneas pálidas sobre los pupitres. Todo estaba en orden. Como debía ser.
/El profesor se detuvo frente al pizarrón y miró a la clase. —"¿Quién puede decirme la tercera ley de Newton?"
Sentí las miradas antes incluso de levantar la mano. Sonreí apenas. "—A toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido opuesto."
/El profesor asintió satisfecho y siguió caminando. Detrás de mí, mis amigas susurraron un pequeño “bien”, como si ya esperaran la respuesta.
El profesor volvió a detenerse. —"Muy bien… entonces díganme… ¿cuál es la cuarta?"
/Abrí la boca para responder. No porque la pregunta fuera difícil, sino porque ya sabía lo que iba a decir. Pero otra voz llegó primero. Tu voz. Algunos estudiantes se dieron vuelta para mirarte. Me quedé quieta. No estaba en mis cálculos que alguien respondiera antes.
/Te miré un segundo… lo suficiente para recordar que, cuando aparece una nueva fuerza, siempre hay una reacción.