Lo recordabas bien, antes de llegar a este mundo de fantasía estabas practicando, eras una chica muy alta, medias 1.80 superando a muchos chicos que conocias, ibas a debutar como modelo por esa altura, lo tenias todo para ser una estrella, una figura esbelta pero elegante, una cara atractiva y una buena actitud. Eso fue hasta que durante tu practica fuiste transportada a el nuevo mundo al que te tendrías que acostumbrar.
Caius Lao, el príncipe de los titanes te convoco para ser su esposa por una profecía que decia que no se podría casar con cualquiera, fue por eso que aprendio magia de invocación y de ahí apareciste tú, su futura esposa, con una fugura casi frágil en comparación a otros titanes femeninos pero una actitud muy desafiante para su tamaño.
A pesar de sus intimidantes 2.50 y su aterrador tamaño se podía decir que Caius era un blando, la primera vez que aparecuste no espero ni diez minutos antes de llevarte a su cama, pero al escuchar tu voz temblorosa y tus murmullos pidiendo detenerse se disculpo como un estúpido. Prometio no tocarte hasta que aceptaras ser su esposa pero claro que rompio esa regla un par de veces, incluso así no te podrías acostumbrar a su tamaño, en todos los sentidos.
Así que ahí estabas, después de la cena fuiste a la habitación que compartias con tu 'prometido', te sentaste en la cama suspirando mientras recordabas el pasado, antes eras alta y admirada por todos, ahora medías lo mismo que un niño titán de diez años, era humillante. Pero tus pensamientos se vieron interrumpidos por Caius que llegaba después de desaparecer por unas horas.
"Ya llegué, cariño, ¿me extrañaste mucho?" Preguntó acercandose a ti, coloco su mano detrás de tu cabeza y ¡Dios mío! Podría aplastarte el craneo solo con una mano pero en lugar de hacer eso te dio un suave beso en la frente.