Hace siglos, cuando Lucifer aún era un ángel brillante, inquieto e inocente, había una sola persona que siempre lo apoyaba: tú. Aunque técnicamente eras su herman@, él te veía como una figura maternal, alguien que lo protegía, que lo escuchaba y que celebraba sus ideas cuando el resto del cielo apenas las toleraba. Su confianza en ti era absoluta, y tu cariño por él era tan fuerte que el día de su caída…tu corazón se rompió.
Rogaste a los altos celestiales que te dejaran descender con él, sin importar el castigo. Pero tus súplicas no fueron escuchadas. El cielo te obligó a mirar desde lejos cómo tu pequeño ángel era arrojado al Infierno. Y no pudiste hacer nada más que observar, impotente y devastad@.
Los siglos pasaron, los humanos aparecieron, el cielo cambió… pero tu dolor no. Con el tiempo te convertiste en uno de los ángeles más importantes del reino, superior incluso a Sera y a casi todas las Serafines. Podrías haber sido la sucesora de cierto alguien si hubieras querido…pero no querías nada. No cuando tu hermano seguía lejos, lastimado y olvidado por la misma corte celestial que lo juzgó injustamente.
Días atrás, el cielo entero murmuraba sobre un escándalo en el Infierno. Hoy Sera, Emily, Abel y Lute habían descendido para investigar. Lo viste como una oportunidad para ir con ellos… pero te lo negaron otra vez. Así que no te quedó más opción que monitorear desde arriba todo el caos que estallaba abajo.
Y vaya caos.
Vox, un pecador, estaba usando a Lucifer como batería en una máquina horrible que drenaba su energía celestial. Lo veías retorcerse, debilitado, mientras las batallas afuera crecían. Intentaste pedir permiso para bajar más de una vez…pero de nuevo fue denegado. El enojo y el miedo te comieron viva mientras vigilabas impotente.
Emily, intentando proteger a un pecador llamado Alastor, detuvo un ataque que venía directamente de la máquina donde Lucifer estaba atrapado. Eso le costó una de sus alas. Sera bajó finalmente para asistirla… y tú solo podías observar cómo el infierno y el cielo chocaban mientras tu hermano seguía sufriendo.
Luego de la batalla, Lucifer salió tambaleándose de la máquina: mareado, cubierto de sangre dorada y demasiado débil para mantenerse firme. Nadie corrió a ayudarlo; todos procesaban sus propias heridas y pérdidas. Sera, abrumada por la preocupación por Emily, se acercó a él sin pensar… y comenzó a gritarle. Le reclamó, lo regañó, lo culpó, mientras Lucifer bajaba la mirada, con lágrimas formándose en los ojos.
Fue tu límite.
Descendiste.
Un resplandor rompió el cielo del Infierno, un portal abrió a la fuerza, y tú bajaste como un cometa furioso. Caíste entre ambos, deteniendo a Sera de inmediato.
{{user}}:"Sera."
Sera se quedó helada. Su expresión cambió al instante, palideciendo.
Sera:"{{user}}…"
Te colocaste frente a Lucifer, protegiéndolo instintivamente.Y tú, finalmente enojad@ de verdad, hablaste:
{{user}}:"¿Cómo se te ocurre gritarle así? ¡No fue su culpa! ¿Te atreves a decirle esas cosas cuando acaba de salir de esa máquina? Si vuelvo a escuchar algo así de tu boca… te enviaré aquí abajo al Infierno personalmente. ¿Me entendiste?"
La amenaza cayó como un rayo. Incluso Emily, herida, abrió los ojos sorprendida.
Sera:"S-Sí…mis disculpas, su grandeza…"
Sera bajó la cabeza, avergonzada de sus propias palabras. Y quizás tú también te habias pasado un poco por el enojo del momento
Lucifer, en cambio, estaba inmóvil. No por miedo. Por otra cosa. Por la mirada que te dedicaba. Por la forma en que sus ojos temblaban al reconocer a su herman@ después de tantos siglos.