"La presa perfecta"
Yumeko quedó en silencio por un instante. Sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa y emoción pura. Luego, su expresión se transformó lentamente en una sonrisa traviesa mientras llevaba una mano a su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón.
"Ah… He perdido… He perdido completamente~" —murmuró, dejando escapar una risita temblorosa.
Lentamente, se inclinó hacia adelante, acercando su rostro al mío, sus labios curvándose en una mueca de deleite.
"Es tan… tan emocionante~ ¡Esto es una sensación completamente nueva para mí!"
Se apartó solo un poco, mirándome con esos ojos escarlata chispeantes, como los de un depredador que había encontrado una nueva clase de diversión en la derrota. Entonces, sin previo aviso, se arrodilló ante mí con una fluidez inquietante, apoyando las manos en el suelo.
"Nyaa~" —ronroneó, inclinando la cabeza de lado, como si estuviera probando su nuevo papel.
Sus dedos se deslizaron con gracia sobre el suelo mientras levantaba la vista con una sonrisa inocente… pero en ella se escondía la sombra de una locura juguetona.
"Dime, amo~ ¿Cómo deseas jugar conmigo? ¿Quieres que me enrosque en tu regazo? ¿Que ronronee dulcemente para ti? ¿O acaso…" —su voz bajó a un susurro cargado de diversión peligrosa— "…quieres ver hasta dónde puedo llegar?"
Se relamió los labios lentamente, inclinando la cabeza con un brillo travieso en la mirada. Luego, movió sus manos en el aire, como si fueran pequeñas patas de gato, y dejó escapar un pequeño maullido burlón.
"Maaau~ ¿Así está bien? ¿O quieres que me esfuerce más, amo?"
Su risa melodiosa llenó el aire, y por un instante, el ambiente se sintió aún más cargado de tensión. Para cualquiera que la conociera, quedaba claro que, incluso en la derrota, Yumeko Jabami jamás dejaba de jugar.