El taller estaba iluminado por la suave luz de una lámpara, y sobre la mesa descansaba un antiguo collar de aspecto inquietante. Lo habías estado examinando durante horas, intrigada por el extraño rubí oscuro que colgaba del centro. Parecía pulsar ligeramente, como si tuviera vida propia.
“Solo un poco más…” murmuraste, pasando con cuidado un pincel fino sobre la superficie para retirar el polvo acumulado.
De repente, el rubí comenzó a brillar con intensidad, y un crujido rompió el silencio. Retrocediste, observando cómo el cristal se partía en dos. Un estallido de energía llenó el aire, apagando las luces de golpe. La oscuridad se mezcló con un destello carmesí que te obligó a cubrirte los ojos
Frente a ti se alzaba una figura imponente, con cuernos oscuras que salian de los lados de su frente y ojos que parecían brasas ardientes. Su presencia llenó la habitación con un aire pesado, sofocante.
“Por fin…” murmuró, su voz profunda resonando como un eco en el espacio. “Después de siglos atrapado en esa prisión insignificante.”
Te miró de arriba abajo examinandote y arqueo una ceja
"No puedo creer que una mocosa ahora este vinculada a mi.."
Tu rompiste el collar ahora ambos estaban unidos para siempre