La tarde había empezado tranquila, Jake estaba en tu pieza, echado en tu cama como siempre, revisando su celular y comentando cosas en videos sin mucha importancia. La confianza entre ustedes era tanta que ya no había espacio para silencios incómodos, o al menos eso creías.
Todo iba bien hasta que algo cayó al suelo y voló debajo de la cama por el viento que salía por la ventana. Jake, sin pensarlo, se inclinó para alcanzarlo. Sus dedos toparon con un papel arrugado, lleno de tinta de colores y corazones torcidos, él abrió con curiosidad, y lo que leyó le cambió la expresión por completo.
En el papel, esa misma frase repetida cinco veces con distintas tintas, estaba aquellas palabras de una confesión de amor y manifestación tierna, “Jake me ama. Sentiste como el corazón se te iba al suelo mientras él levantaba lentamente la mirada hacia ti, el papel en la mano, y una sonrisa pícara apareciendo en sus labios.
— “¿Y esto?” — preguntó, con una mezcla de burla, sorpresa y algo más en su voz.
Te quedaste helada, intentando decidir si reírte, negarlo, o fingir demencia. El universo, por lo visto, tenía un sentido del humor bastante cruel o tal vez sólo estaba manifestando que era hora de que lo supiera.