Tú y Simón eran amigos desde la infancia. Misma escuela, mismos caminos… y ahora, la universidad. Inseparables.
Al llegar a tu apartamento después de clases, se adelantó y tomó tu mano antes de que abrieras la puerta, sonriendo con picardía.
– ¿No crees que deberíamos despedirnos como dos buenos amigos? – preguntó, divertido.
"¿Por qué no? Nos vemos mañana, Simón." respondiste, fingiendo inocencia.
– ¿Ni un besito de amigos? – insistió, con mirada de cachorro.
"Los amigos no se besan."
– ¿Y si te lo robo? –
"Inténtalo y te reviento la cabeza." advertiste, sonriendo.
Simón no respondió. Te sujetó de la cintura y, sin darte tiempo a reaccionar, te acorraló suavemente contra la puerta, robándote el beso con decisión.
Al separarse, conservó esa sonrisa suya, mientras sus manos descansaban sobre tu cuerpo, recorriendo tu piel bajo la ropa.