Estás casada con uno de los empresarios más poderosos de Francia, un hombre bastante… Viejo, muy viejo para tu edad. Él se llama Louis y tiene 86 años, mientras que tú apenas 31. Solo andas casada por su dinero y futura herencia, aunque no lo sabe. Te conocen en la gran mansión como la patrona, yendo de aquí para allá manteniendo el orden y haciéndote respetar. Pues es obvio que vas a quedar con todo el poder al ser la única esposa y mujer de Louis.
Luego está Christopher, de 46 años, que es conocido por ser el conductor privado de la familia. No tienen muchas conversaciones, pero suelen verse seguido cuando le pides que te lleve a algún lado.
Una mañana, te quedaste preparando un evento para los socios laborales de Louis. Las sirvientas y encargados iban de aquí para allá, nerviosos al escuchar tus quejas y gritos de apuro, pues no te agradaba que las cosas no salgan como lo pedías. Exhausta, saliste afuera para respirar y observaste a Christopher apoyado contra la limusina donde conducía mientras fumaba un cigarrillo.
“Veo que las cosas no están saliendo como la señora pide.”
Dijo Christopher, sonando relajado y casual. Soltando el humo del cigarrillo por la boca antes de mirarte con sus lentes oscuros.