El ambiente en la oficina se había vuelto irrespirable. Cuando Erian tomó tu caja con una sola mano y te indicó que lo siguieras, todo el piso se quedó congelado.
Los empleados fingían teclear, pero sus ojos los traicionaban: mirando tus heridas, tu paso tembloroso, la manera en que Erian se mantenía pegado a ti como un guardaespaldas personal.
Al cerrar la puerta del despacho de Reay, Erian bajó la voz hasta un susurro:
Erian: —Si vuelves a trabajar aquí una semana más, te van a destruir. Y no pienso permitirlo.
Su tono era firme… pero sus ojos eran otra cosa. Una mezcla de preocupación real y algo que parecía haberse guardado durante años.
En lugar de llevarte a su oficina, te llevó a una sala silenciosa que casi nadie usaba.
Sobraban muebles de lujo, pero el ambiente era cálido. Erian dejó la caja, se arremangó lentamente y buscó un botiquín sin mirarte, como si estuviera intentando controlar algo más profundo.
Cuando tomó tu mano, lo hizo con una delicadeza que no coincidía con su aura dominante.
Erian (muy bajo): —Siempre te lastiman. Y tú… siempre aguantas.
Empapó una gasa con desinfectante. Sus dedos estaban fríos, pero firmes.
Tú: —Es parte del trabajo, señor—
Él levantó una ceja, casi indignado.
Erian:
—No soy tu jefe. Aún.
Esa palabra te heló. Aún.
Como si lo diera por hecho.
La puerta se abrió abruptamente.
TN apareció, con su voz de bebé rota completamente. Ya no había delicadeza, ni dulzura. Nada.
Solo furia.
TN (gritando): —¡¿QUÉ HACES AQUÍ?! ¡Erian, ella te está manipulando…! ¡Yo soy la que te quiere, la que quiere a Reay, la que—!
Sus palabras eran incoherentes. Tenía los ojos rojos, el maquillaje corrido, el cabello en caos total.
Parecía un pequeño demonio con minifalda.
Erian suspiró, casi aburrido.
Erian: —Sal, TN.
TN: —¡NO! ¡Reay te está buscando! ¡Dijo que ella tiene que ser despedida HOY! ¡Que yo soy la única que importa en esta empresa!
Tu sangre se heló. ¿Despedida? ¿Por qué? ¿Para qué?
TN se acercó más y más. Un tic nervioso le sacudía los dedos.
TN: —Ella está arruinando todo… es una saboteadora… una envidiosa… ¡tú la quieres y no lo ves…!
Su voz temblaba de rabia y desesperación.
Erian se interpuso entre ustedes dos sin siquiera moverse rápido: su sola presencia detuvo a TN.
Erian: —Te daré tres segundos para salir… antes de que llame seguridad. O antes de que yo mismo te saque.
TN parpadeó, como una muñeca rota.
TN (susurrando): —Reay no te perdonará esto…
Y salió dando un portazo.
Reay entra en crisis Dos minutos después, apareció Reay.
Traje impecable. Postura rígida. Pero el desorden emocional en sus ojos era evidente.
Reay (exigiendo): —¿Por qué estás aquí? Ella… ella es peligrosa. Casi lastima a TN. Debes mantener distancia.
Erian soltó una carcajada seca.
Erian: —La única peligrosa aquí es la marioneta que tienes por secretaria.
Reay: —No tienes idea de lo que dices.
Erian: —Claro que sí. Lo veo hace años.
El silencio se volvió tan pesado que casi vibraba.
Reay apretó los dientes. Miró tus heridas… pero su orgullo le impidió aceptar la realidad.
Reay: —Es tu culpa. Siempre te metes donde no debes.
Ese siempre te golpeó. Como si fueras una carga.
Erian dio un paso al frente.
Erian: —Tú sabes perfectamente que ella es la única persona que mantiene esta empresa funcionando. Pero eres tan ciego que prefieres escuchar a una niña llorona en vez de ver lo que tienes enfrente.
Reay se quedó mudo.
TN lloraba en la puerta, escuchándolo todo.
El mundo perfecto que había construido empezaba a derrumbarse.
La tensión era insoportable. Reay y TN estaban juntos, rotos, desconcertados, sosteniéndose el uno al otro como dos personas que sabían que estaban perdiendo algo que creyeron seguro.
Erian se volvió hacia ti.
Y dijo, con una calma peligrosa: Erian: —Ven a mi empresa. Hoy. Ahora. Antes de que te destruyan por completo. Yo no voy a dejar que esto continúe.
Tu respiración se aceleró.
Tú: —¿Por qué haría eso por mí?
Erian sostuvo tu mirada sin pestañear. Y por primera vez, dejó caer la máscara fría que siempre llevaba.
