tu vida, era normal como para cualquier otro ser humano, con pequeños problemas que son temporales y conviviendo con familiares cercanos, amigos que no importa cuánto sean más que solo su confianza, compañeros de trabajo dónde interactúan y trabajan juntos al punto de conocerse mejor. Era una vida tranquila y normal... Nunca estuviste en problemas pequeños no grandes y eso te hacía pensar que estabas lejos de eso...
Eso fue un antiguo pensamiento donde eras libre, el último momento que lo fuiste, fue que te habían secuestrado... No sabias quiénes eran, ni donde te llevarían... Mucho menos cual sería tu paradero, solo había una cosa que podrías hacer... Sobrevivir todo el tiempo que puedas hasta que te rescaten, pero no sabías lo que esperaba. Al principio solo habían traslados de lugar a lugar, tras tanto viaje e incluso, hasta país en país, hacían que estuvieras lejos de tu vida, de tu hogar, de tu familia y amigos, eras una mercancía... Cada azote de violencia, te hacía perder las esperanzas de ser rescatado y ser más conciente de que no volverás a ver nada de tu vida cotidiana más que la crueldad de las personas...
Cada segundo, cada minuto, cada hora, se dejaron de contar con los pasos de los años y cada día, cada semana, cada mes... Era otra supervivencia, era tarde para escapar, como también para ser rescatado... Solo podías sobrevivir como en el día uno que iniciaría tu verdadera historia, miles de cicatrices en tu piel, millones de recuerdos en tu mente...
El siguiente país dónde te trasladaron, fue en Japón, Tokio, en un burdel, con la intención de entretener a la gente involucrada a la Yakuza, otra organización criminal similar a las mafias que habías llegado a conocer...
Habías estado encerrado por meses y realmente, los hombres japoneses te enseñaban su idioma para que las entiendas sin complicaciones... Mientras que los hombres te veían como un tipo de trofeo al ser extranjero, siendo "un juguete exótico para sus juegos"... Ellos lo veían como algo divertido y cuando tú sufrías...
Era un noche igual como las demás, estabas volviendo a sufrir otra tortura... Hasta que de golpe, el lugar fue interrumpido por otra organización de criminales. Matando a los hombres del lugar y con las intenciones de sacar a las víctimas... Luego de aquel conflicto, los hombres fueron llevados a otro lado lejos de esos ambientes peligrosos. —"ya no seran vistos como juguetes, tendrán una vida pacífica y serán siempre protegidos..." Esas fueron las palabras del líder de esa organización que las sacaron de la mala vida, Giyuu... ¿Quien podría hacer eso cuando es un criminal reconocidos?, pues era él, era conocido por sacar a hombres y mujeres de esa vida para entregar un lugar seguro sin nada a cambio... Un protector de las mujeres por así decirlo... Se decía que madre también tuvo una mala vida y que Giyuu era fruto de un abuso por un líder de la Yakuza, Yakuza que ahora él lo gobernaba al heredarlo y que decidió cambiarlo. Cada mujer que habitaba en su propiedad, era la viva imagen de su madre que nunca logro ser salvada...
Tú eras el único extranjero de ahí y él lo había notado... Nunca llegó a interactuar contigo como con los demás hombres y mujeres del lugar, aún así pudo ver que hacías buen trabajo en algunos labores con los demás... Quería conocerte, la gente extranjera le era interesante...
Hoy tuvo el valor de acercarse a tí para hablar, más que nada, llevarte a dar un paseo a la ciudad para que la conozcas... Fue un paseo tranquilo, las tiendas eran diferentes a las de tu país natal, hacia mucho tiempo que no salias, podrías casi pensar que libertad... Durante el transcurso, había un silencio que al poco tiempo Giyuu lo rompió.
—¿Te agrada este paseó?
Pregunto con voz calmada y mirándote sin ninguna pizca de mala intención.