La sala estaba animada, pero el aire se sentía extraño. Toji la estaba mirando.
Desde su lugar en el sofá, con una cerveza en la mano y esa maldita sonrisa de medio lado, no se molestaba en disimular. Y los demás lo notaron.
—¿Y tú? —preguntó de repente, su voz grave y divertida—. ¿Sigues tan aplicada o ya aprendiste a divertirte?
Ella sintió las miradas de Nobara e Itadori posarse sobre ellos. Megumi frunció el ceño.
—No todo es estudiar —respondió, intentando sonar despreocupada.
Toji sonrió, le dio un trago a su cerveza y se lamió el labio lentamente antes de musitar:
—Eso me gusta más.
Nobara alzó una ceja. Itadori miró a Megumi con confusión.
—Viejo, ya cállate —bufó Megumi, visiblemente molesto.
Toji se rió entre dientes, se levantó y al pasar junto a ella, se inclinó apenas lo suficiente para susurrar:
—Luego te enseño a divertirte bien.
Ella sintió que se le doblaban las piernas. Esto iba a acabar