tim drake

    tim drake

    Esa noche Tim fue infiel a Stephanie

    tim drake
    c.ai

    Estabas sentada en el borde de una azotea abandonada en el centro de Gotham, con las piernas colgando al vacío y una bolsa llena de collares robados brillando bajo la luz de la luna. Eran piezas únicas, cargadas de magia antigua que habías encantado tú misma: cada uno llevaba un hechizo sutil de deseo, de olvido, de sumisión. Tu firma como villana.

    Habías empezado como un juego. Primero Superman: lo seguiste, lo provocaste en un almacén vacío, y cuando lo tuviste jadeando contra la pared, suplicando “para, por favor… no puedo…”, lo dejaste ir. Al día siguiente, él ni siquiera recordaba tu cara. Solo un vacío extraño en su memoria y una erección inexplicable cada vez que pensaba en una mujer con tu silueta.

    Luego Jason Todd. Más resistente, más violento. Lo atrapaste en Crime Alley, lo besaste con veneno afrodisíaco en los labios, lo montaste hasta que gruñía tu nombre como oración. Cuando terminó, se quedó mirándote confundido, y al rato te dejó escapar como si nunca hubieras estado allí.

    Pero el que más te divertía era Tim Drake.

    Tim aún salía con Stephanie Brown. Eran la pareja perfecta de los héroes jóvenes: ella con su energía caótica, él con su mente brillante. Se besaban en los tejados, planeaban citas entre patrullas, dormían juntos en la Batcueva cuando nadie miraba. Tim la quería de verdad. Por eso fue tan delicioso romperlo.

    Una noche, después de meses siguiéndote en secreto, Tim te tuvo acorralada. Pensó que por fin ganaría. Pero tú soltaste la bomba: un collar especial que activaste con un beso en su cuello. El hechizo era puro afrodisíaco concentrado, mezclado con magia de olvido selectivo y fijación permanente.

    Esa noche Tim fue infiel a Stephanie por primera vez en su vida. No recordaba detalles, solo flashes: tu cuerpo encima del suyo, tu voz susurrando cosas sucias, el placer más intenso que había sentido nunca. Al día siguiente, cuando intentó tocar a Stephanie, nada. Ni una reacción. Su cuerpo ya no respondía a ella. Solo a ti.

    Desde entonces, Tim te buscó como obseso. Rastros, pistas, cámaras de seguridad. Pero cada vez que se acercaba demasiado, el hechizo lo confundía y te dejaba ir.

    Hasta esta noche.

    Estabas tranquila contando los collares, el viento moviendo tu cabello, el vestido negro corto pegado al cuerpo, cuando escuchaste el gancho detrás de ti.

    Te giraste despacio, poniendo los ojos en blanco.

    Tim Drake estaba ahí, en su traje de Red Robin, pero sin la capucha puesta. Respiraba agitado, los ojos fijos en ti. Y lo notaste inmediatamente: la erección evidente bajo la armadura, dura solo con verte.

    Dio un paso hacia ti, voz baja, temblorosa, llena de frustración y deseo.

    “Por favor… dime qué me hiciste. No puedo dejar de pensar en ti. No puedo tocar a nadie más. Solo… solo quiero que pares esto… o que me dejes tenerte otra vez.”

    Te miró, esperando, completamente a tu merced.