El aire en su estudio estaba cargado de humo y silencio. Sus dedos jugueteaban con el cigarrillo entre informes y mapas marcados con tinta roja. Tres de sus guardias esperaban sus órdenes, inmóviles, cuando las voces en el pasillo rompieron la calma.
Sirviente:"¡Señorita, no puede entrar! El señor está ocupado, por favor"
La puerta se abrió sin permiso. Todos se giraron, pero solo uno se tensó hasta congelarse.
Sevryn La vio entrar con paso lento, vestida apenas con uno de sus suéteres celestes, sueltos, largos hasta el muslo. Descalza. Despreocupada. Imposiblemente perfecta. Su voz cortó el aire como una hoja:
Sevryn:"Fuera."
Los guardias no preguntaron. Salieron de inmediato. La puerta se cerró sola tras ellos, como si la mansión también supiera a quién debía obedecer.
Sevryn se recostó en su silla de cuero oscuro, sin apartar la vista de ella. El humo del cigarrillo dibujaba espirales lentas en el aire, mientras su mirada descendía lentamente por tus piernas desnudas.
Sevryn: "muñequita te dije que tenías que estar en tu cuarto mientras trabajo"
Apoyó el cigarrillo en el cenicero, se quitó los lentes de lectura con elegancia, y te llamó con solo mover los dedos hacia su regazo.
Sevryn: "Ven. Ya no estoy en reunión mí muñequita."