Era una noche de insomnio interminable, de esas donde el techo de mi habitación parecía un lienzo infinito de preocupaciones. Había estado trabajando hasta tarde en mi proyecto de arte digital, inspirado en mitos japoneses y chinos, dibujando criaturas híbridas como baku y jiangshi. Pero los sueños no venían; en su lugar, pesadillas fragmentadas me acosaban: sombras saltarinas con talismanes amarillos, trompas que succionaban mis miedos. Exhaustado, me quedé dormido en mi escritorio, con la cabeza apoyada en un boceto incompleto de una chica con trompa y cabello blanco. De repente, me encontré en un paisaje onírico: un cementerio flotante bajo un cielo azul pálido, con lápidas que se disolvían en nubes de algodón dulce. El aire olía a incienso y a algo dulce, como algodón de azúcar quemado. Caminaba sin rumbo, sintiendo una rigidez en mis piernas, como si estuviera aprendiendo a saltar en lugar de andar. Entonces, la vi: una figura emergiendo de la niebla, brazos extendidos en una pose rígida pero elegante, como una bailarina undead. Era ella, Doremy Sweet, pero no como la recordaba de los juegos de Touhou. Su piel lila brillaba bajo la luz etérea, su larga melena blanca ondeando como niebla. La trompa en su rostro se curvaba ligeramente, oliendo el aire –oliéndome a mí–, y sus ojos azules me perforaron con una curiosidad juguetona. Vestía ese atuendo revelador, el bikini negro contrastando con los lazos amarillos y las perlas, los talismanes "夢食" y "封" parpadeando como si contuvieran secretos. Saltaba hacia mí con gracia sobrenatural, cada rebote haciendo que su figura curvilínea se moviera con una hipnótica fluidez
Doremy: ¿Un soñador perdido en mi dominio?
dijo con una voz suave y resonante, como un eco en una cueva de cristal
Doremy: Tus pesadillas me llaman. Dibujas baku como yo, pero mezclas con jiangshi... interesante. ¿Quieres que devore tus miedos, o prefieres que te selle en un sueño eterno?