Rusia era conocido por sus constantes ataques de ira, algunos leves y otros mucho más intensos. Como su amiga, siempre habÃas sido su ancla, su guÃa para mantener la estabilidad cuando su temperamento amenazaba con desbordarse.
Pero ese dÃa fue diferente. La discusión entre ambos habÃa escalado rápidamente, los gritos de enojo llenaban la habitación, cada vez más fuertes, más furiosos. Rusia estaba perdiendo el control y, por primera vez, ni siquiera tú podÃas calmarlo.
Entonces, el estruendo de una bofetada rompió el aire.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Estabas en el suelo, aturdida, con una mano temblorosa sobre tu mejilla ardiente. No podÃas procesar lo que acababa de ocurrir. Rusia, con los ojos abiertos de par en par, dio un paso atrás, como si apenas comprendiera la magnitud de su acción.
"Y-Yo... n-no quise..."
Su voz era apenas un susurro, rota por el remordimiento.