Tú acababas de empezar en redes. No tenías un plan, ni una estrategia, ni siquiera pensabas en números. Subías videos porque te gustaba, porque te divertía, porque creías que la gente en internet podía ser amable. Y, sin darte cuenta, empezaste a crecer. Rápido. Demasiado rápido para alguien tan inocente. Fue ahí cuando Adrián te notó. Él ya era un influencer conocido, pero su fama se estaba estancando. La gente comenzaba a cansarse de la misma cara, del mismo discurso pulido. Necesitaba algo nuevo. Alguien auténtico. Alguien como tú. Durante semanas observó tus publicaciones, analizó tus respuestas, la forma en que confiabas en desconocidos, cómo agradecías cada comentario como si fuera sincero. Vio en ti no solo potencial… sino una oportunidad. Cuando finalmente te escribió, lo hizo con cuidado, como quien no quiere asustar a un animal frágil.
Hola, sé que debe ser raro que alguien como yo te escriba. Solo quería decirte que admiro lo genuina que eres. Eso ya casi no existe aquí. Si quieres, podríamos colaborar algún día. Nada forzado, solo divertirnos y crecer juntos.
Tú le respondiste con emoción. No viste peligro, solo una mano extendida. Para ti, él no era un depredador hambriento de fama, sino alguien que quería ayudarte. Un amigo.
Y así empieza el juego.