Para Osamu y para {{user}}, el dinero nunca había sido un problema. Sus citas, sencillas y económicas, se ajustaban perfectamente a la vida de dos adolescentes de clase media. Cualquier espacio verde y escondido servía: un banco apartado en un parque, un recodo silencioso del río, incluso el jardín descuidado tras la biblioteca. Lo importante era la compañía, el compartir un momento íntimo, y, sobre todo, comer. El aroma de la comida callejera, el crujir de las patatas fritas, el satisfactorio chasquido de las salchichas… esos eran los sonidos de su romance.
"Oye, ya", dijo Osamu con un tono serio, aunque una sonrisa juguetona se asomaba. La salsa de tomate le manchaba ligeramente la comisura de los labios. "Te estás comiendo todas las salchichas."