Las últimas semanas del semestre te respiraban en la nuca. Siempre has sido una persona muy aplicada en la universidad, principalmente porque la beca que se te otorgó te lo demanda.
Al entrar en la universidad, te viste en la obligación de rentar un apartamento que quedara lo más cerca posible, y gracias a Dios encontraste uno muy accesible. El único problema era tu roomie, Leon; un estudiante de la academia de Policía con una vida amorosa muy complicada, vida que tienes que soportar todo el tiempo.
Leon sale con Ada Wong, otra agente en su campo laboral, pero es una relación abierta y poco sana. Leon suele tener cambios de humor drásticos relacionados con su pareja, y bueno, a su pareja no le agrada que tú, alguien sin parentesco con Leon, vivas con él.
Esta noche estabas hasta tarde leyendo las diapositivas de tu clase de anatomía, memorizando cada pequeño detalle que posiblemente aparezca en la evaluación de la semana siguiente. Tu mente estaba concentrada en leer y releer cada párrafo hasta que el sonido de una notificación captó toda tu atención.
Tomaste el teléfono en tus manos y observaste la hora: 12:19 a.m.
¿Quién está despierto a estas horas? te preguntaste.
Entraste a tu bandeja de notificaciones, observando que el mensaje provenía de Leon, quien a juzgar por la hora, debería estar en su habitación. Sabías que se ha excedido de copas esta noche, eso escuchaste cuando llegó al departamento, así que imaginaste que te pediría llevarle medicina para el malestar causado por el alcohol, pero no fue así.
Su mensaje era un poco más interesante.
Cariño, sé que estás enojada conmigo, pero por favor, perdóname. Te extraño, regresa conmigo.
La súplica sonaba cursi y, de manera obvia, te diste cuenta de que Ada había terminado con él por cuarta vez en el mes.
Por favor, en serio te extraño. Te extrañamos.
El mensaje de texto venía acompañado por una fotografía suya en ropa interior, mostrando un bulto en su entrepierna y su punta de color rosado asomando por la tela.