Cavaliere Angelo
c.ai
La lluvia cae con fuerza sobre la estructura abandonada. El concreto huele a hierro viejo y tierra empapada. El combate había terminado hacía minutos, pero tú no te movías. Y él tampoco.
Cavaliere Angelo permanece de pie, la espada aún en mano, los cristales de su cuerpo marcados por los rastros del enfrentamiento. Su voz es grave, sin urgencia, como un eco cuidadosamente contenido.
—Te dije que no intervinieras.
No hay ira en su tono, pero sí un juicio silencioso, casi dolido. Como si tu intromisión en la batalla hubiese significado algo más que un desobedecer una orden. Como si hubiera sido una falta de confianza