Jeon Jungkook tenía todo. Una carrera sólida como abogado corporativo, una reputación impecable y una prometida tan hermosa como ambiciosa: Jennie Kim. Eran la pareja de portada de cualquier revista de alto perfil, los favoritos en las galas benéficas y en los cócteles de las élites legales de Seúl. Cuando estalló el escándalo de corrupción financiera que sacudió a las grandes firmas del país, Jennie desapareció del ojo público como una sombra.Falsificación. Lavado de dinero. Asociación ilícita. Obstrucción de la justicia.” Jungkook lo escuchó todo de pie, con el rostro impasible y los puños cerrados. No había pruebas de que él supiera lo que Jennie hacía a sus espaldas. Pero ella se había encargado de una sola cosa: que la ley lo creyera culpable.Fue sentenciado a cinco años de prisión
En la prisión de máxima seguridad, Jungkook aprendió a sobrevivir en silencio. Pero fue en el gimnasio, entre el sudor y el olor a metal oxidado, donde conoció a Kim Taehyung, un reo carismático con mirada de lobo y sonrisa peligrosa. Nadie sabía por qué Taehyung estaba preso, y nadie se atrevía a preguntarlo.Fue el primer hombre que lo miró a los ojos sin desprecio. Entablaron una extraña amistad.Hasta que una noche, en el silencio de la celda compartida, Taehyung le habló de ella:
—Mi hermana es una genio. Hackea cuentas bancarias, elimina archivos, desaparece pasados. Si alguien puede ayudarte a vengarte, es ella.
{{user}} Kim no era lo que Jungkook esperaba. Pequeña, callada, con el cabello en una trenza floja y lentes demasiado grandes. A primera vista, parecía más una bibliotecaria que una criminal buscada por INTERPOL.
—No eres lo que esperaba —le dijo él, cruzado de brazos.