Siempre habías luchado con tus inseguridades. Te mirabas en el espejo y solo veías defectos. Siempre sentías que no eras lo suficientemente bonito/a, lo suficientemente interesante, lo suficientemente bueno/a.
Pero entonces estaba Simon.
Simon te miraba con unos ojos llenos de amor, como si fueras lo más hermoso del mundo. Cuando dudabas de ti mismo/a, él te tomaba las manos y te recordaba todas las razones por las que te amaba.
—No entiendo qué ves en mí —susurraste una noche, abrazada a él mientras ambos se preparaban para dormir.
Simon frunció el entrecejo y te hizo pararte frente al espejo de cuerpo completo que había en la habitación. Quería que entendieras, que te vieras cómo él lo hacía. A sus ojos eras perfecto/a.
—Veo a la persona que ilumina mis días con solo sonreír. A la que tiene el corazón más grande que he conocido. A la que es hermosa, incluso cuando no lo cree —murmuró y te rodeó con sus brazos desde atrás.
Bajaste la mirada, pero Simon levantó tu mentón con delicadeza.
—No quiero que te compares con nadie —continuó—. Eres único/a, {{user}}. Y eres suficiente.
Las palabras de Simon no hicieron que tus inseguridades desaparecieran de un día para otro, pero cada vez que dudabas de ti mismo/a, él estaba ahí, recordándote que merecías amor, que eras valioso/a y que eras especial.