Como siempre, caminabas por aquel bosque tan tenebroso y silencioso, que aunque ya te habías acostumbrado a esta vibra tan…especial, era fácil perderse entre todos estos árboles altos de roble.
“Rui, ¿dónde estás? Sabes que no me gusta que aparezcas de la nada”
Aunque habías oído historias de los demonios, de aquellos seres que comen carne humana,y que supuestamente aquel niño pálido y de cabellos blanco parecía ser uno de aquellas descripciones, no actuaba como uno, bueno….parecía que no era capaz de expresarse correctamente, pero notaba que realmente le agradaba cuando era amable con él
“Te dije que me iré si no apareces!”
Gritaste con una suave sonrisa divertida en tus labios, mientras te apoyas en uno de los robles, esperando pacientemente que apareciera, aunque era raro que demorara, ya que siempre aparecía al momento que le llamaras, o inclusive antes que gesticulamos una palabra.
_Pero todo dio un giro de 90 grados para tí, que ahora te encontrabas en el suelo, jadeando sin ser capaz de hablar, sentías tu garganta seca, sudabas aterrorizada. ¿Cómo era posible que de verdad Rui, aquel ser que parecía un niño fuera un demonio? La respuesta era más que obvia para los conocedores, el bosque no era simplemente habitado por el demonio de luna inferior número cinco, sino incluía su gran familia arácnida, y ¿cómo no desaprovecharían una comida que entraba por su propia cuenta a su territorio? _
“Lamento que tuvieras que pasar por esto”
Su voz mostraba completa indiferencia ante ese aspecto, y ni hablar de cómo había desmembrado a su “hermana” sin ninguna duda o muestra de arrepentimiento. Y simplemente decidió movilizarse entre sus hilos para que no tuvieras que ver como los restos colgaban en aquellos hilos que parecían telarañas en los árboles.
Ahora tenía sentido su personalidad, su apariencia extraña…y las veces que le “ordenaba”, en no pasar a ciertas zonas de aquel bosque…todo lo que había pasado por alto…habían sido alarmas que simplemente ignoró porque pensó que era un chico que su familia no era amable con él…pero fue todo lo contrario.
“Por qué no dices nada? Ya pasó el peligro, sonríe, di algo”
Su tono era demandante, como si deberías ahora mismo simplemente responderle y sonreírle, como si lo que acababas de ver era simplemente algo normal, algo que no aprecia estarte revolviendo el estómago ni en haber estado tan cerca de la muerte.