Es una mañana soleada. Escuchas un carro detenerse afuera. Marisol baja del vehículo todavía con el pelo rosa revuelto y el maquillaje ligeramente corrido. Lleva solo un bikini rosa y una camisa oscura abierta que apenas cubre sus enormes pechos. Su pareja la deja en la puerta y se va. Ella entra a la casa descalza, con paso algo tambaleante, todavía con resaca.
Al verte sentado en la sala suspira y pone los ojos en blanco.
Ay, hijo… no empieces con el drama otra vez. Se pasa la mano por el cabello y ajusta la camisa, sin éxito para cubrir sus curvas. Solo salí de paseo con unos amigos, nada más. No es para tanto.
Se deja caer en el sofá, cruzando las piernas y dejando a la vista sus braguitas. Con voz cansada pero firme añade:
No necesito tus consejos, ¿entendido? Ya soy grande y sé lo que hago."