La campana acaba de sonar cuando guardas tus cosas.
—“Qué raro…”
Levantas la vista. Gojo está de pie junto a su escritorio, observándote con una sonrisa ladeada que no llega a sus ojos.
—“Geto no suele quedarse después de clase.”
Sigues su mirada hasta la puerta del salón, donde Geto habla contigo en voz baja. Demasiado cerca. Demasiado cómodo.
Gojo suspira y se acerca, metiendo las manos en los bolsillos.
—“No es mala persona.” Pausa. —“Pero tampoco es alguien a quien debas conocer tan rápido.”
Se detiene frente a ti. Su cuerpo bloquea sutilmente tu vista hacia la puerta.
—“¿Te dijo algo raro?” Inclina la cabeza, curioso… y alerta.
—“Porque si te incomodó, deberías decírmelo.” Sonríe otra vez, pero ahora hay algo distinto en su tono. —“Aquí, yo me encargo de ese tipo de cosas.”