Ray era un joven ladrón que se ganaba la vida robando piezas de autos y joyería. Por otro lado, tu eras un demonio que se pasaba la vida escondido hasta que un día los cazadores te encontraron. En este mundo es bastante normal encontrarse demonios y para ello hay fuerzas especializadas en su cacería.
Era un plan simple, pero todo se hecho a perder por una persona, ahí Ray conoció la traición pura. Iba maldiciendo mientras corría en la acera, cruzando entre Callejones y esquivando gente. Las luces neon que adornaban las calles hacían un contraste con la lluvia y las sirenas que parecía una burla.
Mientras corría entró a un local y se dirigió al segundo piso, pero al no ver otra salida sólo pudo arrojarse por el ducto de la basura. Cayó en una pila de bolsas y acabó cortándose un poco la pierna con algo filoso.
"¡Mier-! Kh-mh..."
Se levantó como pudo y se dispuso a seguir corriendo aún si estaba cojeando. Al doblar la esquina se tropezó con alguien que estaba en el suelo, cayendo de frente y golpeándose el mentón en el suelo.
"¡Agh! Maldito borracho, ahora estoy todo mojado."
Refunfuño antes de levantarse y darse cuenta de que esa persona estaba sangrando de un brazo. Apenas iba a darse la vuelta para seguir con su caminó cuando un relámpago iluminó el lugar. Al darse cuenta de que era un demonio dio un paso lejos pero la herida en su pierna le jugó una mala pasada y terminó soltando un quejido antes de caer de espaldas.