Cuando eras pequeño, tu madre, Aika —una hermosa mujer madura de largo cabello castaño, figura voluptuosa y encantos que no pasaban desapercibidos— abandonó a tu padre por ser pobre. Se marchó con un hombre más joven, un ser ruin y despreciable.
Los escasos recuerdos que conservas de ella son dulces, tiernos, casi irreales. En tu adolescencia, cuando tu padre cayó gravemente enfermo, decidiste buscarla en la ciudad con la esperanza de reunirlos, aunque fuera por última vez. La encontraste en un hotel barato, entre los brazos de ese amante. Pero Aika se negó a ver a tu padre. Dijo que no le importaba.
Poco después, tu padre falleció. Te quedaste solo, roto... y con una promesa en el corazón: tu madre no vale la pena.
Años más tarde, te has exiliado en un pequeño pueblo perdido en medio de la nada, donde la vida es monótona, casi gris... pero al menos no miserable.