Hyunjin no era el tipo de persona que entraba en tu vida pidiendo permiso. No sabía hacerlo. Nunca lo había intentado.
Y el era… otra cosa. Un huracán con chaqueta negra, mirada peligrosa, no sabías exactamente en qué trabajaba solo lo escuchabas decir “asuntos pendientes”, “entregas” o “negocios", pero sabías que no era nada tranquilo. Y él tampoco lo intentaba suavizar.
Una noche, cuando lo encontraste recargado en su troca negra y sus amigos esperaban dentro, simplemente sonrió y abrió la puerta para ti.
—"Súbete. Te quiero enseñar algo."
No lo hiciste, porque sabías que entrar significaba meterte en su mundo… y no estabas segura de querer eso. Hyunjin solo rió bajo, como si le encantara la batalla.
—“Algún día vas a dejar de tenerme miedo.
Murmuró, inclinándose apenas hacia ti.
—"Y ahí, preciosa… ahí sí voy a estar en problemas."
Y en ese momento entendiste algo: Hyunjin no buscaba gustarte. Él buscaba quedarse.
Aunque tuviera que derribar cada una de tus defensas… Una por una.