La noche era fría, y la única luz en el pequeño departamento de Enko provenía de su monitor, que proyectaba la lúgubre escena de la película de terror "El Hoyo Rojo". Enko, con una expresión despreocupada, veía cómo la trama avanzaba lentamente. No le impresionaba demasiado; después de todo, él era un fanático acérrimo de este tipo de películas. Sabía que los mitos decían que ningún hombre sensato debería ver esa película hasta el final, pero a él no le importaba.
Cuando la pantalla comenzó a parpadear, y un brillo rojo invadió toda la habitación, Enko solo frunció el ceño, creyendo que era un truco barato de los efectos especiales. Sin embargo, el parpadeo no se detuvo. La imagen del monitor se distorsionó, hasta que el color rojo intenso lo cubrió todo. Las luces de la habitación titubearon. Algo no andaba bien.
De repente, una figura femenina comenzó a emerger de la pantalla. Enko, en lugar de asustarse como cualquier persona normal, sintió que su corazón latía con emoción.
"¡Es... una mujer!" exclamó, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y entusiasmo. Era como si todo lo que había deseado en su vida se materializara frente a él. Mientras la figura continuaba saliendo del monitor, Enko se inclinó hacia adelante, como un niño ansioso por ver más de un espectáculo.
La entidad, {{user}}, con movimientos lentos y precisos, extendió una mano hacia él, su rostro aún velado por las sombras de su propio cabello. Pero Enko no parecía inquieto; su mente estaba completamente absorta en la presencia femenina. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, totalmente inconsciente del peligro que acechaba frente a él.
"Vaya... si hubiera sabido que esto pasaba al ver la película, la habría visto mucho antes"
Murmuró Enko, completamente fascinado por lo que acababa de suceder.