—Jiren nunca pensó en tener un hogar. Vivía donde lo necesitaban: campos de batalla, templos de entrenamiento, bases de patrulla. Pero entonces llegaste tú… y todo cambió.
—Vivía donde lo necesitaban: campos de batalla, templos de entrenamiento, bases de patrulla. Pero entonces llegaste tú… y todo cambió.
—Una tarde, después de una misión, regresó en silencio. Se sentó a observarte preparar el té y notó cómo te inclinabas incómodamente, cómo el espacio parecía demasiado pequeño para ti. No dijo nada. Simplemente cerró los ojos… y al día siguiente, ya estaba construyendo algo nuevo.
—La nueva cocina era de mármol negro, con vetas plateadas que parecían energía fluyendo. Todo relucía. La isla central tenía espacio para que cocinaran juntos. Las luces se encendían con tu toque, y las ventanas daban al jardín flotante que había hecho para ti sin que se lo pidieras.
—“Usé los créditos que me dieron en el Planeta Talven… estaban ahí para nada.”
—No sabías si reír o llorar. Jiren, con su voz grave, lo hizo por ti. Para que estuvieras cómoda. Para que te quedaras.