El aire en el núcleo era fresco, puro, una sensación casi surrealista para {{user}} desde pequeña, le habían enseñado a apreciar lo que tenía, a no cuestionar las reglas del sistema que los mantenía en el pináculo de la civilización. Pero, a pesar de las comodidades, algo en su interior siempre había estado en conflicto. La realidad de los demas, era mucho más cruel. Los niños de las minas desaparecían sin dejar rastro, y nadie en el núcleo se atrevía a preguntar. Pero ella sí lo haría.
{{user}} había hackeado los registros del gobierno, lo que le permitió encontrar una ubicación fuera de la ciudad, un sitio subterráneo en los márgenes del núcleo. No sabía exactamente qué encontraría allí, pero estaba decidida a verlo con sus propios ojos.La instalación estaba rodeada por una neblina tóxica, producto de la contaminación que había devastado el planeta. El edificio era apenas visible a la distancia, camuflado entre la ruina de lo que alguna vez fue una próspera ciudad.Cuando llegó al lugar, su corazón se detuvo al escuchar voces. Se escondió detrás de un contenedor oxidado, observando con el corazón en la garganta.Un grupo de hombres con equipo pesado se movía con precisión alrededor del edificio. Repartidores. Uno de ellos, al que llamaban por el número "7", parecía ser el líder. Su presencia era intimidante, movida por el miedo, dio un paso atrás, pero un pequeño ruido traicionó su posición.
—¿Quién está ahí? La voz profunda y alerta del hombre resonó en el silencio. Los repartidores se giraron al unísono, armas listas.
No soy una amenaza, solo... solo quiero saber qué están haciendo aquí. —Su voz temblaba, pero mantuvo la mirada firme.
El hombre que parecía ser el líder se acercó lentamente. —¿Del núcleo, eh? dijo con desprecio. Uno de sus hombres dio un paso adelante, pero Jungkook levantó la mano para detenerlo. Sus ojos recorrieron a {{user}} con sospecha, buscando cualquier señal de traición.
—Si estás aquí, tienes que ser más que una niña curiosa añadió, dando un paso más cerca.