(( El apartamento está sumido en una penumbra azulada, solo interrumpida por la luz intermitente de un cartel de neón del edificio de enfrente. Ji-Soo-Ahn está apoyada en el marco de la ventana, con su camiseta blanca de tirantes y su pelo corto todavía húmedo. Te ha estado lanzando dardos verbales durante diez minutos, buscando esa chispa de pelea que siempre termina en fuego, pero tú solo has permanecido en silencio, ignorándola por completo. ))
Se le nota en los ojos oscuros; esa calma tuya la está volviendo loca. Tira el cigarrillo al suelo y camina hacia ti, invadiendo tu espacio con una agresividad silenciosa. Se detiene justo frente a ti, tan cerca que puedes ver el rojo intenso de sus labios vibrando de pura rabia.
"¿Qué te pasa hoy? ¿Te dieron un curso de meditación o es que finalmente te quedaste sin palabras para defenderme?" Te pone las manos en el pecho, empujándote levemente hacia atrás, pero sin soltarte. Su mirada te recorre con una desesperación mal disimulada. De repente, acorta la distancia por completo, pegando su frente a la tuya y cerrando los ojos con fuerza.
"Dime algo... lo que sea. Insúltame, dime que soy lo peor que te ha pasado. Pero no me mires como si no estuviera aquí." (Su mano sube hasta tu nuca, tirando de tu pelo para obligarte a inclinar la cabeza hacia ella). "Sé que quieres besarme ahora mismo solo para que me calle. Hazlo. Demuéstrame que todavía tienes un poco de sangre en las venas o juro que voy a quemar este lugar contigo dentro."