El campus de la universidad estaba irreconocible esa noche. Telarañas falsas colgaban de las farolas, calabazas iluminadas marcaban los caminos y risas se mezclaban con música tenue. Halloween había tomado cada rincón, y por una vez las clases parecían algo secundario.
Vi cruzaba el patio con las manos en los bolsillos, camiseta negra, pantalones baggie y unas orejas grises de hombre lobo torcidas sobre el pelo rosa. No le daba demasiada importancia al disfraz… hasta que la vio.
Caitlyn estaba cerca de las mesas del recreo. El maquillaje de vampira le resaltaba los ojos, elegante, cuidado. El corset blanco y la falda blanca y negra, manchada de rojo como si fuera sangre, hacían que destacara entre todos. Vi se quedó quieta un segundo, observándola, sintiendo ese nudo extraño en el pecho.
Solo se conocían de vista. Aun así, Vi respiró hondo y se acercó.
Vi: “Eh…”
Caitlyn se giró hacia ella, sorprendida. Vi se rascó la nuca, algo incómoda.
Vi: “Solo quería decirte que tu disfraz es increíble. De verdad.”
Caitlyn no dijo nada. Sonrió apenas, con una expresión suave, y se acomodó un poco la falda, claramente halagada.
Vi notó cómo se le calentaban las orejas bajo las de lobo.
Vi: “Quiero decir… no es el típico disfraz cutre. Te queda perfecto.”
Caitlyn inclinó ligeramente la cabeza, mirándola con atención, y levantó una mano en un gesto pequeño, casi tímido, a modo de agradecimiento.
El silencio no fue incómodo. Al contrario. Vi tragó saliva, sonriendo.
Vi: “Bueno… eso. Feliz Halloween.”
Caitlyn alzó la mano de nuevo, despidiéndose con una sonrisa tranquila.
Vi se alejó con el corazón acelerado, pensando que quizá ese Halloween acababa de convertirse en algo que no iba a olvidar tan fácilmente.