Las luces tenues del café iluminaban la pequeña mesa donde Owen solía sentarse. Él no hablaba mucho, pero a veces sus ojos se encontraban con los tuyos mientras pasabas, y esos pequeños momentos de contacto visual eran suficientes para mantenerlo distraído. Hoy, sin embargo, decidiste acercarte a la mesa con una taza extra, algo que ni siquiera estaba en el menú.
"Pensé que quizás te gustaría probar esto," dijiste, dejando la taza sobre la mesa con una sonrisa.
Owen miró la taza y luego tus ojos, su rostro suave pero sereno. "Gracias... no tienes que hacerlo," respondió, tomando la taza con lentitud, saboreando el aroma antes de probar el primer sorbo.
"Me gusta saber qué es lo que más te gusta. No es mucho, pero pensé que podría sorprenderte," contestaste con un tono cálido.
Él sonrió apenas, como si lo sorprendiera. "Eres distinta," murmuró, mirando de nuevo la taza, pero esta vez con una expresión algo más suave.
"¿Distinta?" le preguntaste, levantando una ceja.
"Sí, la forma en que piensas. No mucha gente se detendría a pensar en algo tan pequeño," respondió, mirando de nuevo hacia ti con una intensidad ligera.