Hace unas semanas te habías mudado a unos apartamentos. Al principio, no te encantaba el lugar… hasta que lo viste: un chico alto y lindo, o como tú le decías, "el chico del apartamento 512". No dejabas de hablar de él con tus amigos y amigas.
--El chico del apartamento 512, el que hace a mi pobre corazón saltar, al que le escribo cartas noche y día que no puedo entregar-- repetías una y otra vez.
Siempre que salías temprano a caminar o a hacer cualquier cosa, rezabas por toparte con él. Si tenías la suerte de verlo, te hacías mil ideas de qué decirle… pero nunca te habló, ni tú a él. El miedo te ganaba cada vez que lo veías.
Hasta que un día decidiste ir a su apartamento con un pequeño regalo. Cuando tocaste la puerta, una chica fue quien te abrió. Solo pudiste soltar un “ah”, sintiendo tu corazón quebrarse. Pero entonces ella te preguntó:
—¿Buscabas a mi amigo?--
Ahí fue cuando te diste cuenta de que quizás tenías un poco más de oportunidad. Sentiste como tu alma volvía a tu cuerpo… aunque el miedo seguía ahí.
(¿Qué harás?)