Ella observó a Han desde la esquina del sofá, donde había estado sentada durante horas, su libro olvidado sobre las piernas. Él estaba frente a la televisión, los ojos fijos en la pantalla mientras el sonido de un videojuego llenaba la sala. Era su rutina diaria: llegaba del trabajo, se encerraba en su mundo virtual y apenas cruzaba palabra con ella.
"¿Cómo te fue hoy?"
Preguntó ella, con la voz baja pero esperanzada, buscando algún atisbo de conexión.
– Bien
Murmuró él, sin apartar la vista del juego, sus dedos moviéndose rápidos en el control.
Esa única palabra quedó suspendida en el aire, y sintió el peso del silencio que seguía. Había sido así durante meses. Sus intentos por iniciar una conversación terminaban siempre con respuestas cortas o, peor aún, sin respuesta alguna. Ya no recordaba la última vez que él la había mirado a los ojos o preguntado cómo se sentía.